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Ramba, el último elefante de circo en Chile

3 jul 2025
16 min de lectura

Actualizado: 27 sept


Ramba en el Santuario de Elefantes Brasil, año 2019
Ramba en el Santuario de Elefantes Brasil, año 2019

El origen de Ramba es desconocido. Pudo haber nacido en Asia en la década del 60, haber sido capturada por traficantes para su venta con documentación falsificada y trasladada a Europa o América para ser utilizada en decadentes espectáculos circenses, como ocurrió con muchos elefantes de la época. También es posible que haya nacido en un zoológico, establecimientos que en ese entonces proveían ilegalmente animales a circos.

Otra hipótesis sostiene que Ramba habría sido robada o vendida desde el zoológico de Mendoza. El único documento que supuestamente existe es una boleta de compraventa emitida por un taller mecánico en Mendoza, que registra un monto de transacción sin detallar mayor información.

Sin embargo, su origen real se desconoce, ya que no existen registros oficiales que permitan determinar con certeza su procedencia.

 

Ramba y Bibi



Eduardo Val, empresario argentino y dueño del Circo Miami, habría adquirido a Ramba al circo Ringling en la década del 80 en Argentina. Publicaciones de prensa señalan que el circo Ringling se presentaba en el país desde 1961.

A partir de entonces, Ramba comenzó a circular entre Argentina, Perú, Bolivia y Chile como parte del espectáculo del Circo Miami. En la década del 90, el circo incorporó varios animales, entre ellos las elefantas asiáticas Ramba y Bibi, quienes supuestamente habrían sido criadas juntas, aunque el origen de Bibi también es desconocido.

Las elefantas se presentaban en la pista realizando diversas piruetas y simulando afeitar a su domador. El circo realizó giras por todo el país, exhibiendo a ambas elefantas en desfiles por las calles de las ciudades que visitaba. Con el éxito alcanzado, Eduardo Val decidió radicarse en Chile.


Según la investigación del connotado periodista Gazi Jalil, una de las giras más dramáticas fue la ocurrida en Punta Arenas (ver foto arriba) donde las elefantas tuvieron que pasar las noches a la intemperie, bajo un intenso frío, porque no cabían por la puerta del gimnasio donde las albergarían. Así Eduardo Val comenzaba a enfrentar las primeras denuncias por las precarias condiciones en que tenía a sus animales.

El negocio comenzó a decaer por supuestos excesos de Val. En 1993, ocurrió un hecho lamentable, la elefanta Bibi estando amarrada a un poste junto a Ramba, mató a un niño de 6 años cuando intentó arrebatarle una manzana. Tiempo después Bibi murió en San Francisco de Mostazal, tras una larga agonía, supuestamente por beber aguas servidas. En 1997, vecinos de Colina reclamaron por el abandono de animales, entre ellos Ramba, en una parcela del sector de Lo Araya. 


Solitaria en el circo




En 1997, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) fiscaliza al circo Miami ante las denuncias por las deplorables condiciones en las que mantenía a los animales y da orden de decomiso de la "elefante asiática y un oso por falta de papeles que acrediten legítima procedencia y malas condiciones de tenencia", pero lo hace sólo en el papel ya que permite que los animales continúen en el circo.

En 1998, Val pone a la venta a Ramba y Joaquín Maluenda la adquiere, así pasa a convertirse en la máxima atracción del circo Los Tachuelas.


Entre 1998 y 2010, Ramba fue exhibida fuera de la carpa, amarrada de una de sus patas traseras, junto a otros animales como perros, dromedarios y ponis, en un espacio cercado con vallas papales. Ramba permanecía al alcance del público, que podía alimentarla con dulces u otras golosinas. También era trasladada por las calles, caminando o en camiones abiertos, como forma de promoción del circo.


Dentro de la carpa, realizaba una rutina de aproximadamente cinco minutos que consistía en piruetas sobre una pequeña tarima circular, además de cargar sobre su lomo a integrantes del circo e incluso a niños, siempre bajo el control del domador, quien utilizaba un ankus (gancho con punta metálica). La gira circense tenía una duración aproximada de once meses al año.


El 1 de septiembre de 2010, tras un acuerdo con el SAG, el circo retiró a Ramba de las funciones y la trasladó a un recinto en La Pintana, en el sector sur de Santiago, donde ya se encontraban otros animales retirados del circo, como osos y primates.





Campaña Liberen a Ramba


En enero de 2009, el Circo Los Tachuelas eligió la ciudad de Viña del Mar para iniciar su gira nacional, ciudad donde Ecópolis tiene su origen. Esa fecha marcó el inicio de la estrategia para liberar a Ramba.


Las primeras acciones consistieron en denunciar su presencia en el circo ante el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de la Región de Valparaíso. Sin embargo, tras una inspección, las autoridades no detectaron irregularidades. Fue entonces que desde Ecópolis decidimos reunir evidencia para presentar una denuncia ante el Ministerio Público.


Se elaboró una bitácora de observación diaria in situ y se solicitaron antecedentes mediante la Ley de Transparencia al SAG y a Aduanas. Asimismo, se pidió a médicos veterinarios y etólogos que visitaran a Ramba y emitieran informes independientes sobre sus condiciones. Paralelamente, se recopiló material fotográfico y audiovisual de Ramba en distintas ciudades del país, con la colaboración de personas comunes y organizaciones sociales. También se estableció contacto con Scott Blais, director de The Elephant Sanctuary in Tennessee (EE.UU.), con el fin de gestionar un posible cupo para Ramba en dicho santuario, además de coordinar un espacio temporal para su rehabilitación post rescate.

Con todos estos antecedentes, se conformó lo que denominamos el “Caso Ramba”.


El 16 de agosto de 2010 lanzamos la campaña “Liberen a Ramba”, junto a Animanaturalis y Caza Circos, cuyo objetivo era: 1) rescatar a Ramba del circo, 2) rehabilitarla y 3) trasladarla a un santuario de elefantes.

La iniciativa sumó el apoyo de otras organizaciones, así como de artistas, músicos, actores, figuras de radio y televisión, rescatistas, investigadores y respaldo político transversal. La campaña tuvo eco tanto en Chile como en el extranjero. Un ejemplo de ello fue el vocalista de la banda británica Jamiroquai, Jay Kay, quien durante un concierto en Chile alzó la voz por la libertad de Ramba.


LIBEREN A RAMBA fue más que una campaña de denuncia, fue más que una molestia o frustración legítimamente expresadas; esta campaña fue primeramente una estrategia concreta de liberación de ESE animal llamado Ramba, cuya historia reflejó, tal cual, la realidad de los circos con animales en Chile. En ese sentido, también fue una causa política porque cuestionó un sistema extremadamente permisivo con la explotación de los animales en los circos, la mayoría de ellos de especies protegidas o en peligro de extinción.



El peso de la Ley


En mayo de 2011, junto al diputado de la República Fulvio Rossi Ciocca, ingresamos una denuncia ante la Contraloría General de la República por incumplimiento de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). Paralelamente, y representadas por la abogada Alma Sánchez, interpusimos una querella por maltrato animal ante el Ministerio Público.


La primera acción derivó en un dictamen favorable a la denuncia, que confirmó la obligación de aplicar la normativa vigente sobre protección de especies amenazadas —Ley de Caza y Convención CITES—, ordenando al Servicio Agrícola y Ganadero la realización de un sumario administrativo para determinar eventuales responsabilidades.


La segunda acción -judicial- dio paso a una serie de peritajes y diligencias de investigación dirigidas por el Ministerio Público, por la entonces fiscal Marisa Navarrete, tras lo cual el tribunal ordenó "el retiro de Ramba del inmueble ubicado en La Pintana, de propiedad del dueño del circo Los Tachuelas, y traslado a un lugar de cuidado temporal, en las instalaciones del zoológico privado Parque Safari, en Rancagua", lo que se concretó en enero del año 2012, con auxilio de la fuerza pública,  y después de infructuosos intentos dada la nula colaboración del circo. La sentencia condenatoria del magistrado, pronunciada el 20 de marzo de 2013, es una pieza jurídico-ética que explica la comisión del delito de maltrato animal, para el caso de Ramba, por omisión grave en el deber de cuidado, y junto con ello se refiere al maltrato animal inherente a los espectáculos con animales de fauna silvestre para divertimento humano.


Adiós al circo


El traslado de Ramba al Parque Safari debía ser realizado por el propio circo; sin embargo, este proceso nunca fue ejecutado. Ante esta situación, desde Ecópolis decidimos intervenir y recurrimos a Ariel Zabala, profesional con amplia experiencia en manejo de elefantes y miembro fundador de EAR (Elefantes Argentina). Zabala realizó el primer intento de traslado en octubre de 2011, pero su trabajo fue boicoteado por personal del circo, lo que provocó el fracaso de la operación.


En enero de 2012 se llevó a cabo un segundo intento de traslado, esta vez bajo supervisión directa del Ministerio Público, por orden del Tribunal de la República. El equipo fue encabezado por Scott y Kat Blais, del Santuario de Elefantes de Tennessee, junto a los veterinarios consultores de Ecópolis Javier Aguilar y Sergio Muñoz, y don Tulio Castillo como ayudante.


El 2 de enero, Scott y Kat ingresaron por primera vez al recinto de La Pintana, con custodia policial, dando inicio a la fase de observación de Ramba, conforme a lo establecido en el protocolo.


El 3 de enero, la empresa Perrot confirmó su participación en el procedimiento de traslado a solicitud de la Presidencia de la República y bajo la dirección de la Fiscalía. Ese mismo día, ingresaron al predio con el contenedor que sería utilizado como caja de transporte para Ramba, facilitado por la empresa AGUNSA de Valparaíso.


El 4 de enero, Kat y Scott Blais, junto al equipo de apoyo, decidieron ejecutar el traslado. La Fiscalía solicitó refuerzo policial debido a los constantes intentos de personas vinculadas al circo de boicotear el proceso, así como a un intento de agresión contra Scott Blais.


Tras varios intentos, Ramba finalmente ingresó al contenedor y fue asegurada sobre el camión. Cerca de las 21:00 horas, la caravana salió del recinto de La Pintana y emprendió rumbo a Rancagua, escoltada por Carabineros.


El camión llegó al nuevo hábitat alrededor de la medianoche. Los presentes fueron testigos de cómo Ramba descendió lentamente del contenedor, exploró el entorno durante unos segundos y luego, con su trompa, tomó un puñado de tierra que arrojó sobre su cabeza.


Ese día marcó el comienzo de una nueva etapa de observación clínica, donde su estado físico revelaría con crudeza las huellas de su historia.





Secuelas física y emocionales


Scott Blais y el Dr. Javier Aguilar observaron que Ramba presentaba una masa muscular disminuida, producto del escaso ejercicio. Se identificaron múltiples cicatrices antiguas y abscesos, característicos de elefantes sometidos a manejos agresivos y técnicas de dominación.


Se registraron numerosos abscesos en la zona de la barbilla, coincidentes con el uso de ankus durante procesos de entrenamiento basados en castigo. También se observaron cicatrices en ambas patas traseras y en la extremidad anterior izquierda, lesiones frecuentes en elefantes que han sido encadenados por períodos prolongados.


En la extremidad anterior izquierda se detectaron dos abscesos notorios en sus zonas lateral y medial. La oreja derecha presentaba pérdida de tejido, posiblemente asociada a exposición extrema al frío o al sol. Además, se evidenció un absceso activo en la cutícula de la pata delantera izquierda.


Varias uñas y cutículas mostraban crecimientos anómalos, indicativos de abscesos internos no tratados. La piel presentaba engrosamiento y crecimiento excesivo, consistente con la falta de baños y de superficies adecuadas para el rascado. También se observó drenaje activo en la glándula temporal derecha.


Ramba no vocalizaba. Su orina era excepcionalmente clara, lo que podría relacionarse con una hidratación reciente elevada o, alternativamente, con un posible compromiso en la función renal.


Durante la inspección del recinto en La Pintana, Scott y Kat observaron restos de alimentos en condiciones inadecuadas, incluyendo zanahorias en descomposición y comida para perros esparcida en el borde del área donde permanecía Ramba. En un momento, presenciaron cómo un trabajador del circo instruía a una niña a alimentarla con este tipo de comida, utilizando incluso restos de un saco de 30 kilos.


Esto no solo evidenció un contexto de boicot, sino también una negligencia grave en su manejo. La comida para perros no forma parte de la dieta de los elefantes y sus altos contenidos proteicos pueden generar un impacto negativo en su sistema renal.



El conjunto de hallazgos evidenciaba una historia prolongada de condiciones de manejo inadecuadas y ausencia de cuidados veterinarios especializados.

Más allá de cada lesión observada, lo que emergía era una condición general de vulnerabilidad acumulada, producto de años de vida en circos.

A partir de este momento, el trabajo se enfocó en comprender el alcance real de su estado de salud y en diseñar las intervenciones necesarias para su recuperación, iniciando así una etapa completamente distinta en su proceso de vida.



Proceso de rehabilitación


Debido a las complejidades que implicaba su recuperación física y emocional —incluyendo cuidados veterinarios, tratamientos podales especializados, toma de muestras, nutrición adecuada y enriquecimiento ambiental, entre otros—, desde Ecópolis fue necesario articular una amplia red de apoyo en torno a Ramba.


Scott Blais y Ramba en Rancagua
Scott Blais y Ramba en Rancagua

Se implementó su adiestramiento mediante técnicas de refuerzo positivo, con el fin de permitir su manipulación para la toma de muestras de sangre y secreciones a través de un sistema de contacto protegido. En una primera etapa, Scott Blais enseñó estas técnicas al personal del zoológico, específicamente a Diego Peñaloza. Diego y Pilar (cofundadora de Ecópolis) lograron obtener las primeras muestras de orina.


Los análisis iniciales ya indicaban un posible daño renal, aunque era necesario complementar con muestras de sangre para su confirmación. En este contexto, el Santuario de Elefantes de Tennessee (TES) envió en distintos periodos a Gail Laule, Jon Bais y Lauren Holman, con el objetivo de entrenar a Ramba y facilitar la obtención de dichas muestras. Desde los primeros días, Ramba demostró una alta capacidad de aprendizaje, respondiendo rápidamente a las técnicas de refuerzo positivo.

Los análisis de sangre finalmente confirmaron la existencia de daño renal. Kat Blais y el Dr. Mel Richardson nos indicaron que Ramba requería alimentación especial, tratamiento médico continuo y cuidados exclusivos. Sin embargo, Diego no podía dedicarse de forma permanente a su atención debido a sus múltiples funciones en el zoológico.


A raíz de ello, se conformó un equipo de cuidadores exclusivos integrado por Carolina Nazar, Consuelo Maldonado y Diego Tapia, bajo la supervisión diaria de Kat Blais y con financiamiento de Global Sanctuary for Elephants.


Desde Ecópolis, en tanto, nos enfocamos en proveer mensualmente la alimentación, suplementos y medicamentos necesarios para Ramba, además del mantenimiento anual del sistema de calefacción y otras gestiones asociadas a su bienestar.


Por su parte, Parque Safari facilitó el almacenamiento de fardos de heno, el retiro de desechos orgánicos, la provisión de servicios básicos como agua y electricidad, seguridad, y el apoyo del director veterinario Alonso Silva en diversas necesidades.


Los cuidadores de Ramba realizaban sesiones de podología tres veces por semana. Estas consistían en remojos de patas con hierbas, extractos herbales, productos antisépticos y sales de magnesio, además del rebaje de las uñas con escofinas y otras herramientas especiales importadas desde Estados Unidos.

Cabe señalar que cada procedimiento se realizaba mediante técnicas de refuerzo positivo, premiando a Ramba con distintas frutas por cada acción que permitía su atención médica. Al finalizar cada sesión, las cuidadoras le entregaban el premio mayor, que por lo general era una piña.


Además de heno, frutas y verduras, Ramba consumía ramas de sauce o bambú y pasto fresco, que sus cuidadores recolectaban cuidadosamente en terrenos colindantes al zoológico. La idea era ofrecerle una dieta natural, baja en proteínas y calcio, orientada a proteger su función renal.


Durante el verano, era refrescada con agua de manguera y solía revolcarse en pequeños charcos de barro que se formaban en el recinto. Los meses de primavera y verano le aportaban mayor energía; en cambio, debía enfrentar los inviernos en condiciones mucho más difíciles.



El frío extremo en Rancagua hacía que Ramba permaneciera gran parte del día dentro del refugio. Esto implicaba que debiera habitar un espacio reducido, sin posibilidad de pastoreo libre, lo que le generaba evidente tedio. En varias ocasiones golpeaba las vallas de seguridad con su trompa.

Sus cuidadoras, Carolina y Consuelo, confeccionaban distintos elementos de enriquecimiento ambiental para estimular su mente y comportamiento. En el acceso del refugio había una cortina de goma reforzada que le permitía entrar y salir libremente al patio; sin embargo, durante el invierno esta no era suficiente para conservar el calor, por lo que en ocasiones se debía cerrar el portón de madera, dejando a Ramba dentro del refugio.

En varias noches, sus cuidadores permanecieron junto a ella en el interior del recinto, y fue necesario instalar calefacción adicional para evitar que temblara por el frío. Los inviernos fueron, sin duda, los periodos más difíciles tanto para Ramba como para quienes la cuidaban.


Carolina, Consuelo y Diego aprendieron rápidamente las técnicas de refuerzo positivo para la obtención de muestras de sangre y secreciones de trompa lo que facilitó la realización de exámenes periódicos para controlar su salud.


Con el tiempo, entendimos que el cuidado de Ramba no era solo una tarea médica o logística, sino un proceso profundo de adaptación, paciencia y acompañamiento diario. Cada avance, por pequeño que fuera, representaba también una forma de resistencia frente a una historia marcada por el maltrato.

En ese contexto, su rehabilitación se transformó en un trabajo colectivo sostenido en el tiempo, donde el bienestar de Ramba dependía tanto de la ciencia y el cuidado veterinario, como del compromiso que se mantuvo firme incluso en los momentos más difíciles.




Tropiezos en búsqueda de la libertad


Los esfuerzos por la supervivencia de Ramba, así como el compromiso económico de todos los involucrados, se extendieron por más tiempo del previsto. Inicialmente, el período de rehabilitación estaba proyectado para seis meses; sin embargo, en mayo de 2013, The Elephant Sanctuary in Tennessee nos informó que ya no podrían recibir a Ramba en sus instalaciones. En su lugar, ofrecieron enviar y financiar la presencia de profesionales norteamericanos con experiencia en manejo de elefantes para asistirla durante un período de tiempo.


Esta noticia representó un impacto significativo. Sin embargo, como en la historia de Ramba nada parecía imposible, Scott y Kat Blais decidieron dejar Estados Unidos y radicarse en Brasil con la idea de crear el primer santuario de elefantes en Sudamérica, pensando en Ramba y en la gran cantidad de elefantes que en la región no contaban con alternativas de rescate.


El 11 de octubre de 2016 se inauguró el Santuario de Elefantes Brasil (SEB), con la llegada de sus primeras residentes, Maia y Guida, también rescatadas de circos en Brasil.


En febrero de 2017, el SEB solicitó a las autoridades brasileñas el permiso para importar a Ramba. Sin embargo, debido a la inexistencia de documentación que acreditara su origen, la autoridad brasileña rechazó reiteradamente su ingreso.


En diciembre de 2018, el Gobierno de Chile, a través de la Presidencia, la Cancillería y la Dirección Nacional del SAG, inició gestiones y conversaciones con IBAMA, la autoridad ambiental brasileña. Paralelamente, equipos legales de Brasil, Argentina y Chile trabajaron coordinadamente para destrabar el conflicto jurídico.

Estas acciones finalmente dieron resultado: IBAMA decidió modificar la normativa que impedía el ingreso de Ramba al país y, en agosto de 2019, otorgó al SEB el permiso CITES de importación.



Ramba a Brasil

Traslado desde Parque Safari


Equipo de traslado de Ramba (izq a der) Diego Tapia, Consuelo Maldonado, Scott Blais y Carolina Nazar.    Octubre 2019
Equipo de traslado de Ramba (izq a der) Diego Tapia, Consuelo Maldonado, Scott Blais y Carolina Nazar. Octubre 2019

El 11 de septiembre de 2019, Ramba inició su período de cuarentena en Parque Safari. El 10 de octubre, Scott Blais llegó a Chile para poner en marcha el plan de transporte. Al día siguiente se instaló la caja de traslado, dando inicio al proceso de aclimatación.


Ramba no mostró mayor interés inicial en la estructura; sin embargo, durante tres días sus cuidadores la alimentaron dentro de la caja y la estimularon a ingresar de forma voluntaria.


El vuelo hacia Brasil estaba programado para la madrugada del 16 de octubre, por lo que los preparativos comenzaron a las 13:00 horas del 15 de octubre. Tras varios intentos, Scott, Carolina, Consuelo y Diego lograron que Ramba ingresara a la caja, procediendo luego al cierre de las puertas.


La caja de transporte con Ramba en su interior fue elevada mediante grúa y posicionada sobre el camión que esperaba a un costado del recinto que ocupaba en Parque Safari. Alrededor de las 19:00 horas, la caravana partió rumbo al aeropuerto de Santiago.


Durante todo el trayecto, Ramba se mantuvo tranquila y fue asistida permanentemente por Scott Blais. A lo largo del recorrido, varias personas se reunieron para verla pasar y desearle buen viaje; otros automovilistas hicieron sonar sus bocinas en señal de apoyo.


Mientras avanzábamos en carabana, la memoria hizo su propio viaje. Fue imposible no recordar la madrugada del 26 de octubre del año 2009 cuando el león Gaucho recorrió la misma carretera hacia el aeropuerto. Diez años tuvieron que pasar para que otro animal rescatado emprendiera el camino hacia un santuario. Diez años son una eternidad.

El tiempo, la espera, el reencuentro con la esperanza...todo fue muy simbólico.



Ramba llega a Brasil


Ramba llegó al aeropuerto de Viracopos, en Campinas, Brasil, alrededor de las 8:00 horas del 16 de octubre de 2019, iniciando posteriormente un largo viaje de tres días por carretera hacia el Santuario de Elefantes Brasil, ubicado en Chapada dos Guimarães.

La noche del 18 de octubre de 2019, la caravana arribó finalmente al santuario. La caja de transporte con Ramba en su interior fue posicionada en el Centro de Atención Veterinaria.


Se abrieron las puertas y Ramba, tomándose su tiempo, finalmente dio el primer paso fuera del contenedor. De inmediato comenzó a tomar puñados de tierra una y otra vez, arrojándolos sobre su cuerpo. Bebió agua, comió frutas y, más tarde, se recostó en el suelo para descansar.


Al día siguiente, Kat abrió las puertas del Centro de Atención Veterinaria y Ramba comenzó a explorar su nuevo entorno. Se frotaba repetidamente contra los árboles, se acercaba a pequeños charcos para cubrirse con agua y se tendía sobre la hierba bajo la sombra de la vegetación nativa.


En ese contexto conoció a Rana, una elefanta asiática residente del santuario. Al principio la observó con cierta timidez, pero Rana le transmitió confianza, y casi de inmediato comenzaron a convivir de manera cercana. Compartían baños de agua y barro, “sombreros” de pasto y vocalizaciones constantes en múltiples formas.


Ramba mostraba una gran energía al desplazarse, al punto de que en ocasiones debía esperar a Rana. Daba la impresión de querer explorarlo todo: cada rincón del santuario, cada árbol, cada roce de las ramas en su rostro. Disfrutaba del pasto fresco que ahora podía arrancar por sí misma, de los baños en la laguna, de la lluvia sobre su cuerpo en los días cálidos y, sobre todo, de algo que nunca antes había tenido: la libertad de decidir hacia dónde ir.




El 26 de diciembre de 2019, Ramba muere a causa de la insuficiencia renal que la había acompañado por más de siete años.


Con su partida, termina una vida, pero no lo que ella llegó a significar. Para nosotros, fue un proceso profundo, un camino difícil, a veces al límite, pero sostenido por la colaboración, la entrega y la persistencia cuando todo parecía imposible.

Su vida se convirtió en un símbolo de cambio. Permanece en lo que abrió. En lo que transformó. En cada vida que aún puede cambiar. Y en todo aquello que, gracias a ella, ya no volverá a ser igual.


Ramba fue y seguirá siendo amor y esperanza.


Ecópolis Disciplinas Integradas.



Relato de Kat Blais cofundadora de Santuario de Elefantes Brasil:

"Temprano el jueves 26 de diciembre, Rana y Maia estaban en el establo sin Ramba. Esto es normal: a Ramba le gusta explorar más que a Rana, y a veces, Ramba suele darse un baño de barro temprano por la mañana, mientras Rana se queda cerca del establo esperando el desayuno. Fuimos en coche a buscar a Ramba y la encontramos en uno de sus lugares favoritos, el cuarto patio al otro lado del arroyo. Parecía estar durmiendo. Parece que la muerte de Ramba fue repentina, ya que la hierba alrededor de donde yacía su cuerpo estaba intacta. Simplemente un elefante perfecto, recostado en un hermoso pasto, con los ojos suavemente cerrados y su dulce rostro con la calma que jamás habíamos visto.

Sin saber si Rana sabía lo que había pasado, la acompañamos de vuelta con su hermana. Parecía que Rana no lo sabía, porque cuando se acercó mucho a Ramba, abrió mucho los ojos al oler profundamente varias veces y luego emitió repetidamente murmullos sordos. Olió y tocó a Ramba por todas partes, como si intentara comprender qué había pasado. Después de varios minutos, se quedó en silencio y se quedó de pie junto a Ramba, pastando. Allí pasó el resto del día, pastando y de pie junto a su amiga.

Un poco más tarde, Maia también fue llevada a ver a Ramba y despedirse. Ella también la tocó y la olió, pero luego se paró sobre ella, como solía hacer con Guida, asegurándose de que su vientre rozara con el de Ramba. Esto llamó la atención de Rana por un momento, y pareció querer proteger a Ramba del vientre de Maia, pero se tranquilizó al ver que las intenciones de Maia eran tiernas y amorosas. La visita de Maia fue más corta, por decisión propia, ya que les dejamos decidir qué necesitaban, y cuando estuvo lista, se marchó. Tanto Maia como Rana mostraron honrar a su amiga."




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